Septiembre: empieza a planificar tu piel para todo el año
Por qué un buen plan de medicina estética no se diseña tratamiento a tratamiento, sino pensando en los próximos meses
Septiembre tiene algo de comienzo. Volvemos de las vacaciones, recuperamos rutinas, retomamos proyectos y organizamos los meses que tenemos por delante. Y también puede ser un buen momento para hacer lo mismo con nuestra piel.
En medicina estética, la planificación es una parte fundamental del tratamiento. No todos los procedimientos están indicados para todo el mundo, ni tienen el mismo objetivo, ni ofrecen resultados en los mismos plazos. Tampoco todas las épocas del año son iguales a la hora de realizarlos.
Por eso, más que decidir qué tratamiento queremos hacernos, septiembre puede ser el momento de plantearnos una pregunta diferente:
¿Qué necesita realmente mi piel y cómo podemos trabajarlo durante los próximos meses?
Primero, diagnóstico
Después del verano es frecuente observar cambios en la piel: mayor pigmentación, manchas que se han hecho más visibles, deshidratación, textura irregular, pérdida de luminosidad o signos de fotoenvejecimiento.
Pero lo que vemos frente al espejo no siempre nos dice cuál debe ser el tratamiento.
Una mancha, por ejemplo, puede tener diferentes características y no todas responden de la misma manera. La pérdida de firmeza tampoco se aborda necesariamente igual que una alteración de la calidad cutánea o una pérdida de volumen.
Por eso, antes de hablar de aparatología, inyectables o cualquier otro procedimiento, debemos realizar una valoración médica individualizada.
Diagnosticar primero permite decidir después.
Otoño e invierno: tratar, renovar y regenerar
Con la disminución progresiva de la exposición solar comienza una época especialmente interesante para determinados tratamientos.
Dependiendo de las necesidades de cada paciente, durante estos meses podemos plantear procedimientos dirigidos a mejorar la pigmentación, la textura, los poros, las lesiones vasculares, las cicatrices o los signos de fotoenvejecimiento.
Láseres, IPL o determinados peelings pueden formar parte de esta planificación cuando existe una indicación adecuada.
Pero también es un buen momento para comenzar tratamientos cuyo objetivo no es conseguir un cambio inmediato, sino estimular procesos biológicos que necesitan tiempo.
La bioestimulación, determinados tratamientos para mejorar la calidad cutánea, los polinucleótidos, el ácido hialurónico o tecnologías como los ultrasonidos focalizados pueden incorporarse de manera progresiva según el diagnóstico y los objetivos establecidos.
Los buenos resultados también necesitan tiempo
Esta es una de las razones por las que me gusta hablar de planificación anual.
En medicina estética no todo debería buscar un resultado inmediato.
Algunos tratamientos producen cambios progresivos porque dependen de procesos como la producción de colágeno, la regeneración tisular o la remodelación de la piel. Otros necesitan varias sesiones o funcionan mejor cuando se combinan de forma estratégica.
Planificar permite respetar los tiempos de cada tratamiento, evitar intervenciones innecesarias y valorar los resultados antes de decidir el siguiente paso.
Primavera: revisar y ajustar
A medida que avanzamos hacia los meses de mayor exposición solar, el plan puede cambiar.
Es un buen momento para revisar los resultados obtenidos durante el otoño y el invierno, realizar ajustes si son necesarios y priorizar tratamientos orientados al mantenimiento y a la calidad de la piel.
La medicina estética no debería seguir un calendario rígido. La planificación sirve precisamente para poder adaptarlo a la evolución y los tiempos de cada persona.
Verano: proteger y mantener
Durante el verano, la fotoprotección adquiere todavía más protagonismo.
Eso no significa que no podamos realizar ningún tratamiento, sino que debemos seleccionar correctamente cuáles son adecuados en esta época y cuáles es preferible reservar para meses con menor exposición solar.
En algunos pacientes, el verano será fundamentalmente una etapa de protección, prevención y mantenimiento.
Y después llegará de nuevo septiembre, momento de reevaluar.
Un plan diferente para cada paciente
La edad, el tipo de piel, la exposición solar, los hábitos, la anatomía facial, los antecedentes médicos y, sobre todo, los objetivos personales hacen que no exista un calendario universal de medicina estética.
Una persona puede necesitar trabajar principalmente la pigmentación; otra, mejorar la calidad de la piel; otra puede beneficiarse de un tratamiento de bioestimulación y otra quizá no necesite realizar ningún procedimiento en ese momento.
La clave está en establecer prioridades.
También en saber cuándo tratar y cuándo esperar.
